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Círculos de Difracción En las últimas décadas, la historia de la escultura ha sido particularmente perturbadora en el mundo occidental, iconoclasta y fértil a la vez, cambiando definiciones y propuestas. En el Caribe, su evolución ha sido más tranquila, pero hay grandes diferencias según los países, y no cabe duda de que Puerto Rico es uno de los más dinámicos, sino el más avanzado en esa materia, tanto en la estética, como en las técnicas empleadas.
Uno de esos escultores en la plenitud de su talento a la vez establecido por una
carrera brillante y prometedor por las perspectivas futuras, se llama Heriberto Nieves. Mucho apreciamos la suerte de tenerlo hoy en Santo Domingo, con motivo de las exposiciones, y más aún cuánto nos satisface que él haya realizado aquí las obras de gran formato presentadas en el Museo de Arte Moderno. Si artistas puertorriqueños - pensamos especialmente en María Elena Perales - habían fundido sus bronces en la República Dominicana - creemos que ninguno anteriormente había ejecutado totalmente las piezas en el marco de un taller industrial dominicano.
De lo que acabamos de mecionar respecto a la exhibición en el Museo y a la realización de las esculturas, dos observaciones se imponen. Pese a su tamaño, el sótano de nuestra institución artística es un marco muy distinto de un espacio público y se percibe de otra manera. En una plaza por ejemplo, la obra se integra a un entorno urbano abierto y al cielo, no forzosamente capta la atención del transeunte, sino que contribuye a su bienestar ambiental. En la galería en el interior del museo, concentra la mirada y ocupa un volumen proporcional mucho mayor, tanto en el piso como en los muros. |
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La calidad intrínseca de las piezas - o su gigantismo fallido- sobresale... En el caso de Heriberto Nieves, esa nueva escala nos permite disfrutar más de la forma, el color, el detalle, y acomodar concientemente nuestra recepción óptica, palpar más tanto sus cargas energéticas como una factura magistral.
La muestra, espectacular y poderosa, de Círculos de Difracción, se sirve de un registro de ensamblajes y materiales, acordes con la arquitectura, la maquinaria, los operativos pesados, y sin embargo funciona, visual y emocionalmente, como un hecho humano, o más bien como arte hecho por un hombre para el hombre. Estas formas minimalistas de tamaño descomunal en nuestro medio, estas líneas impresionantes de precisión geométrica, estos volúmenes hasta brutales, se convierten, a la segunda mirada, en conjuntos orgánicos, que palpitan de vida y aprenden una percepción pluralizada: visión, tacto, movimiento, tintineo de circulillos vibrantes.
Luego, integrando el cromatismo, agregando matíces y gradaciones al color primario - azul, rojo, amarillo- la secuencia demuestra cómo ese arte contemporáneo y tecnológico puede captar la luz, llegando a desmaterializar líricamente estructuras cuasi monumentales y crear una poética inesperada. El Caribe, su luminosidad, su sol, están presentes y desmienten el carácter absoluto de abstracción que suelen atribuir a la geometría y al minimalismo.
No cabe duda de que asociamos, geografía y climáticamente, la policromía de “Círculos de Difracción” a nuestra región antillana.
MARIANNE DE TOLENTINO Vice-presidenta de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA)
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